вторник, 13 марта 2012 г.

La Voz Pura de Tatá

La exquisitez tiene nombre de mujer. Se llama Zenaida. Zenaida Bacard� de Argamasilla, pero el cari�o la premi� con un sobrenombre: Tat�. Naci� para orientar, dar buenos consejos, indicar el mejor camino, ayudar al pr�jimo y sembrar amor. Su misi�n es la de ser una t�a colectiva. No la conoc� de joven, pero estoy seguro de que, ya desde entonces, hablaba y escrib�a como una persona mayor.

Tat� desarrolla su intelecto en este mundo enrarecido de violencia, manchado de vulgaridad, herido de bajas pasiones. Cada vez resulta menos raro tropezar con los alardes de inmoralidad y la palabra obscena. Y no es que uno peque de excesivo puritanismo, sino que hasta el talento repugna cuando alimenta ideas torcidas.

Tat� es abuela y, como una abuela total, nos habla a todos. Ante su nieta se siente "tocada por Dios para el amor" y "grande para su amparo. Peque�a para sus juegos". La ternura ha fructificado en esta sensibilidad humana que habla como una monja y cuenta experiencias como una dama de mundo.

Las Cartas de Tat�, reunidas en un libro, son mensajes millonarios en sabidur�a. La primera se 'la escribe a Dios y le pide ayuda, "porque los golpes a veces derrumban, y a veces fortalecen". Y el esp�ritu puede ser fr�gil o indomable.

Despu�s se dirige al mundo, y su filosof�a nos colma de realidades, porque "sobran ciencias, pero falta sensibilidad. Sobran estrellas, pero falta luz. Sobran limosnas, pero falta caridad. Sobran caminos, pero faltan huellas..." Al final prima lo que parece ser una conclusi�n: sobra lo que no hace falta y falta lo que no sobra.

La prosa de Tat� es familiar, amigable, colmada de razonamientos y podr�a decirse que a su paso va dejando huellas perfumadas. Nadie como ella para hacernos meditar. Quienes est�n acostumbrados a leer noticias, que los ponen al tanto de la �ltima bomba que estall� en Irak, el m�s reciente y sangriento enfrentamiento entre jud�os y palestinos o el m�s cercano golpe dictado por la esquizofrenia cubana, har�an bien si se detuvieran a beber de esta fuente de aguas refrecantes de amor.

Esa es la primera y �ltima lecci�n que Tat� nos ense�a: el amor al projimo como indica la Biblia. El amor no s�lo a lo propio, sino a lo ajeno. Entr�galo todo es el t�tulo de uno de sus libros, en el que define la ternura no como "el fuego de un volc�n, sino la brasa de la chimenea. No es el fuego de una pasi�n, sino la suavidad de una caricia". Porque "con la ternura se vitaliza al viejo, se duerme al ni�o y se desarma al hombre".

Zenaida Bacard� de Argamasilla me conquista como lector al comp�s de sus reflexiones, pero definitivamente me gana como admirador cuando hace un alto en el camino y posa su mirada en la isla perdida. Porque ella ve a Cuba de mil facetas. La ve "alegre por naturaleza, triste por cr�dula", y la describe con adjetivos dolorosos, pero apropiados: miserable, enconada, sangrienta, atrapada, prisionera, pero tambi�n fiestera, extrovertida, olorosa de guayaba, tabaco, guarapo y ron. Y a esa Cuba llena de contrastes le dice: "Yo te canto, te a�oro, te bendigo y te amo".

Es la Cuba del destierro retratada por Tat�, que la conoce al dedillo y la ama sin fronteras. Cuba, la bien amada v�ctima de todos los maltratos, pero reivindicada en la voz de esta mujer que, como bien dice ella misma, llegar� a ser "un montoncito de ceniza, pero haciendo espirales al viento... Abonando tierra, subiendo tallos y dando flores. Quem�ndose en sombra... pero despertando en luz".

Article copyright El Bohemio News.

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